viernes, 3 de mayo de 2013

Una casa en un barrio decente, encalada, con tejado a dos aguas y una cerca blanca rodeando el jardín cubierto de hierba. Con piscina, sí. Los niños disfrutarían muchísimo con una piscina. Y se criarían en un ambiente sano y puro. Un coche nuevo no vendría nada mal, claro. No es que estuviese deseando jubilar el viejo utilitario, que también; es que ya se había quedado pequeño para tanta familia, y sería un coñazo llevar a los niños al colegio en él. Un monovolumen de esos nuevos, espacioso, robusto y fiable, sí. Elena podría dejar de trabajar y terminar la carrera que tuvo que dejar cuando nació el primero de los niños. A lo mejor después de comprar la casa y el coche se podría guardar algo en el banco para estar un poco desahogados durante un tiempo. Quién sabe, es posible que, ingeniándoselas un poco, también él pudiese dejar de trabajar en el almacén y dedicarse enteramente a entrenar. Sí, la vida cambiaría. Cambiaría su vida y la de su mujer y la de sus hijos. Todo iría mejor.

Era fácil. Era rápido. Era sólo dejarse tumbar en el cuarto. Sólo eso. El reloj del vestuario seguía avanzando pesada pero irremediablemente. Era fácil. No requería esfuerzo. Sólo dejarse tumbar. En el cuarto. Cerró con fuerza los ojos, apretó la boca e hizo lo que tenía que hacer: salió a ganar.



1 comentario:

Forget the boxing, fight the man!